CUANDO HABLA EL SILENCIO

Uno de los encuentros más extraordinarios de mi vida lo tuve en Pordenone, ciudad de la región de Friuli – Venecia Julia, el sábado 4 de Febrero del 2006; cuando, junto con la Neniya y mi nieta la Carlita, pudimos conocer personalmente a Ludovica Cantarutti y su hija Scilla Raffin autoras del libro Le parole del silenzio y su historia (tercera edición, Multigraf, ediciones del León, Venecia, 2001), que yo había leído con anterioridad en Trieste en la casa de Paolo Ghiotto.
Scilla Raffin nació en Pordenone el 21 de Septiembre de 1974. Desde pequeñísima manifestó una lesión cerebral que la transformó en autista, discapacitada y afectada por la dispracia, o sea, la dificultad de mandar el cuerpo según las órdenes e intenciones del cerebro. Con el resultado que no podía hablar y con una difícil gestión de su persona. Tras largos años de esfuerzo aprendió a comunicar con los demás por medio del computador o una máquina de escribir. A los veintidós años, afrontando un test para la Escritura Facilitada, ideado por una psicóloga australiana, se descubrió, por casualidad, que sabía leer y escribir, pero, nunca había logrado dar a conocer que tenía en su interior esta conquista cultural. Escribe:
“Mi vida hasta los 10 años era similar a la vida de los vegetales. Mi cerebro no funcionaba pero yo existía. Ese día puedo afirmar haber visto por primera vez a mi mamá y a las demás personas de mi familia, a mi hermana mayor Hilaria. A los 13 años tal vez era yo por primera vez me daba cuenta del mudar de las estaciones, de los olores que las caracterizan. Eran un despertar de los sentidos. Yo estoy convencida que singularmente distinguimos un mundo nuestro de palabras que con los años devienen distintivas de nuestra personalidad”. ¿Por dónde entra el otoño en las hojas?
Y este nuevo continente – el mundo de las palabras escritas – del que se va apropiando se le presenta incrustado en el trasfondo del silencio. No un silencio de muerte, sino un silencio creador: “Yo y el silencio somos un todo único. Hablar de este compañero de viaje me cuesta un poco. Cuántas veces habría querido gritar palabras frases que sentía dentro de mí pero no podía hacer salir. El silencio es el éxtasis de la mente que vaga en el pensamiento. Es el momento de la meditación profunda. Es el signo de una calma a veces inalcanzable. Es un presencia invasora que no pide permiso para entrar e irrumpe sin ser llamado”.
Desde el fondo de este silencio creador, de esta estación del sentir, lleno de tensiones y chispazos llega a darse cuenta que “las palabras son como una obra de arte que conquista valor en el tiempo porque son siempre el fruto de un trabajo interior”.
Y desde esta grada ya alcanzada, muestra el recorrer de su vista y de su experiencia vital con un sentido de optimismo que inunda toda la humanidad: “Que la vida traiga siempre nuevas emociones es un hecho sorprendente, a decir poco y que estas emociones sean sentidas como un don llovido del cielo hacia de la existencia una ventura sin igual. La solidaridad es un valor grandísimo que me hace sentir parte del universo y criatura amada por Dios”.
Pienso que esta obra debiera transformarse en un libro de cabecera en las escuelas de psicología y hogares de discapacitados del mundo, no sólo por los altos contenidos científicos que contiene sino también por la presencia estética en que se dan. El trabajo invisible de su hacer encuentra su fundamento en la visibilidad de la belleza de su forma de escribir, en la más alta expresión de la poesía, en su prístina dicción griega de poiesis, sinónimo de creación, hacer, construir, en que ella misma como persona, como sujeto de experiencia, da testimonio de su vida interior, desde adentro de lo más profundo del sí mismo, lugar donde descubre, desvela, la deslumbradora verdad que existir es un dulce sentir y comunicar con los demás. Cuando habla el silencio lo hace en belleza.
