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La Coctelera

Categoría: entrevistas

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TRAS EL OLOR DEL ORO BLANCO

(Extraído de EL MERCURIO de Valparaíso, el 26 de Marzo de 2006)

Por Irene González Peña

En la puerta de una antigua casa de la calle Higuera del Cerro Alegre, se recorta la figura imponente de Sergio Vuskovic. Cordial y atento nos invita a entrar. Los años han encorvado levemente su espalda y pesan en sus piernas haciéndole caminar más lento. Sin embargo, su inmensa humanidad está intacta, brilla la lucidez en su mirada y en sus recuerdos.

La madera de la escala que conduce al segundo piso, cruje bajo sus pies como quejándose. Las miradas familiares acompañan nuestros pasos. "Este es mi bisnieto", dice con orgullo señalando a un niño rubio que nos sonríe desde la fotografía colgada en la pared. Por fin, llegamos a la habitación que cobijará esta conversación. Los libros se desbordan por los estantes y los objetos invitan a imaginar viajes, travesías, experiencias de toda una vida.

Don Sergio viene llegando de un periplo por Europa. Orgulloso nos muestra un premio recibido en Gallipoli, un puerto italiano, que lo erige como "El hombre y el mar". Una hermosa Rosa de los Vientos de plata incrustada en un galvano de madera. Está contento con las felicitaciones y los reconocimientos recibidos en este nuevo viaje por el viejo continente. Muchas de ellas por la edición en italiano del libro "Allende en el mundo", escrito en el 2003.

EN LAS PULPERIAS PAMPINAS

Deja el galvano a un lado y coge con sus grandes manos un libro en cuya tapa se lee el nombre de Brac. El reloj comienza a andar para atrás.

Sesenta mil familias llegaron a vivir al árido norte de nuestro país atraídas por el "oro blanco". Durante el auge de la industria del salitre, las "oficinas salitreras" del Norte de Chile eran auténticas ciudades, con teatro, hotel, comedores, dormitorios, salas de recreación, bares, piscina, iglesia o capilla y pulperías. Justamente en una de estas pulperías comenzó a trabajar el padre de don Sergio.

Pero la historia se remonta más atrás. "El primero en llegar a Chile, a comienzos del siglo XX, fue mi abuelo Nicolás. Llegó a trabajar a las salitreras del norte. Le fue muy bien, ganaba harta plata y volvió a Yugoslavia a buscar a su familia. En 1913 llegó mi abuelo con mi padre, quien se puso a trabajar en las pulperías, que eran de los ingleses. Tenía como 14 o 15 años".

El abuelo Nicolás había dejado atrás Brac, la hermosa isla croata que lo vio nacer y crecer, debido a una enfermedad - la filoxera - que le dio a los viñedos que allí cultivaba. A pesar de lo bien que le fue trabajando en las salitreras, Nicolás decidió volver a su tierra, pero dejó en suelo chileno a su hijo Lukas.

En 1929 llega la crisis. Por un lado Inglaterra introduce en el mercado el salitre sintético que entra a competir con el nuestro con precios más bajos y, por otro, la bolsa de Nueva York colapsa provocando efectos devastadores en todas partes. "Se cerraron las salitreras y mi padre decide bajar hacia el sur. Pero llegó hasta Coquimbo nomás, porque en un pueblo llamado Mincha conoce a mi mamá y se casa".

HIJA DEl ALCALDE

Don Abraham Rojo León, ingeniero en minas, era el alcalde de Mincha, un poblado pequeño en las cercanías de Coquimbo, que no tenía luz eléctrica ni las comodidades de las ciudades de esa época. Lukas se enamoró de la hija de este hombre, instaló un almacén y se casó con ella. Tuvieron tres hijos: Sergio, el mayor, que nació en 1930, Gloria y Nicolás. "Mi madre debía ir a Illapel a tener a sus hijos, porque en el pueblo no había condiciones. Además, allá vivía una tía abuela que era matrona y que nos recibió a los tres".

Una de las mayores preocupaciones de los inmigrantes era la educación de sus hijos. Todos los esfuerzos que se realizaban tenían como objetivo que ellos pudieran acceder a una vida mejor siendo profesionales. Lukas no fue la excepción. "Mi padre trabajó mucho para poder darnos la mejor educación y como en Mincha no se podía concretar ese sueño, cuando yo tenía siete años hicimos las maletas y partimos a Santiago".

Poco tiempo alcanzó a estar la familia Vuskovic Rojo en la capital. Un lamentable accidente cambió el timón de sus vidas trayéndolos a Valparaíso. "Un camión atropelló a mi hermano menor, Nicolás, y le cortó una pierna", nos cuenta don Sergio con la mirada perdida y tristeza en su voz.

La decisión fue volver al pueblo natal de la madre, pero, un año después las maletas y baúles se volvían a desempolvar para embarcarlos hacia un nuevo destino.

A fines de los años 30 Valparaíso ya contaba con una importante colonia yugoslava. Don Pascual Baburizza Soletic, proveniente de Kolocep, una isla dálmata, había hecho su fortuna en las salitreras del norte y ya instalado en Valparaíso solía reunir a la colonia en el Parque del Salitre, de su propiedad, actual Jardín Botánico. Allí se juntaban a comer, cantar y compartir. La familia Vuskovic era asidua participante de estos eventos.

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

Lukas Vuskovic trabajó vendiendo pescados y mariscos en un puesto del segundo piso del mercado El Cardonal. Puesto que heredaría su hijo menor, Nicolás, hasta el día de su muerte en 1992. Mientras tanto, los hermanos Vuskovic Rojo asistían al Liceo Eduardo de la Barra.

Corría el año 1947, Sergio tenía 17 años y ya manifestaba un apasionado interés por la política. En calidad de representante de su liceo participaba en la Federación de Estudiantes Secundarios y fue allí y entonces que conoce al gran amor de su vida: Elena Villanueva, representante del Liceo N°1 de Niñas de Valparaíso. "El 11 de Septiembre de 1954 nos casamos. Llevamos 52 años juntos", nos dice Elena con una sonrisa de satisfacción dibujada en sus labios.

Don Sergio estudió Castellano y Filosofía en el Pedagógico de la Universidad de Chile y comenzó su vida laboral haciendo clases en el liceo de Lautaro, en el sur de Chile. "Ahí conocimos al padre de Jorge Teillier y luego nos hicimos muy amigos del poeta. Pero me gané un concurso para ser profesor en mi Liceo Eduardo de la Barra y nos vinimos", cuenta con nostalgia.

Es el año 1970. Comienzan a soplar vientos con olor a tormenta. La pasión política toma cuenta de todo. Salvador Allende, el candidato de la Unidad Popular, es elegido Presidente el 4 de septiembre con un 36,6 por ciento de los votos. Varios años antes, en 1952, don Sergio Vuskovic conoce a Pablo Neruda y al entonces candidato Salvador Allende y mantiene con ellos una amistad inalterable, hasta la muerte de ambos.

La carrera política lleva al humanista a asumir en 1970 el cargo de alcalde de Valparaíso. Sus responsabilidades no lo obligan a renunciar a su cátedra "Problemas de la Cultura Contemporánea", que venía impartiendo desde 1966 en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile. Tres años estuvo en esta doble función. "Es increíble cómo todavía hay gente que se acuerda de ese periodo en mi vida. Como alcalde trabajé mucho por los taxistas y colectiveros, y hasta el día de hoy me encuentro con algunos conductores que me reconocen y me agradecen no cobrándome".

EXILIO Y REGRESO

En septiembre de 1973 todo se interrumpe. Don Sergio es detenido y pasa tres años preso, luego de los cuales es absuelto por falta de méritos. Un nuevo destino marca la vida de esta familia. Sergio, Elena y sus hijos Iván y Danica parten exiliados rumbo a Italia, específicamente, a Bolonia. Allí trabajará durante 11 años contratado por la Universidad, como profesor de Filosofía. "Durante ese tiempo en Italia aprovechamos para viajar dos veces a Brac. El primer viaje lo realizamos para asistir al matrimonio de un primo y conocí a mi tía Fani, hermana de mi papá. En el segundo viaje mi primo ya estaba separado".

En 1989 la familia regresa a Valparaíso y don Sergio retoma sus actividades como profesor. En la Universidad de Valparaíso con el ramo "Orígenes del pensamiento dialéctico en Occidente" y en la de Playa Ancha con "Filosofía Latinoamericana".

Con sus 75 años este hombre de letras, de pensamientos y acciones, continúa escribiendo, enseñando y, por sobre todo, disfrutando de los regalos que la vida aún le puede dar. Como el bisnieto que continúa sonriendo desde la fotografía colgada en la pared.

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entrevistas

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